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Cátedra Unilibrista - Bibliografía

LA UNIVERSIDAD LIBRE EN SUS CINCUENTA AÑOS DE FUNDACIÓN

DARÍO SAMPER

Hace cincuenta años, cuando la nación giraba bajo el aciago signo de los grupos de poder que, en lo económico expresaban la supervivencias de la colonia española, fundada en la herencia de los encomenderos, que originó el latifundio, y en lo cultural, la cerrazón religiosa, dogmática y excluyente, a pocos lustros de la última guerra civil, que propició en Panamá el desembarco de los marines yankis, un General que había comandado las guerrillas al resplandor de los machetes, bajo el turbión de las banderas rojas que levantaban artesanos y campesinos, cachacos y estudiantes, tras haber roto su invicta espada en aras de la paz, fundaba una Universidad, abierta a los vientos insurgentes, que soplaron en 1918 sobre la ciudad argentina de Córdoba, cuando universitarios y profesores proclamaban la cátedra libre, la investigación científica fundada en la realidad objetiva, la autonomía académica y el gobierno compartido de los estamentos básicos, entre manteos románticos, garnachas inglesas y chiripas gauchos. El General Benjamín Herrera fue un soldado del pueblo, porque luchó a su lado en defensa de las libertades fundamentales del hombre, en una época en que las imprentas eran asaltadas y los escritores arrojados de su patria al golpe de genízaros de ruana y kepis francés. En este tiempo la Iglesia estaba dirigida a defender los privilegiados de los terratenientes, nostálgica de los diezmos que suprimió José Hilario López en la revolución del 7 de marzo de 1849 y los intelectuales arielistas, ajenos a la miseria de los campesinos y a la explotación de las riquezas naturales por las compañías extranjeras, estaban creyendo en un mundo inspirado en el optimismo de la naciente burguesía liberal. Mas, lo que da categoría histórica a Herrera, aquel guerrillero nativo de barba huraña y pómulos de indio, es el haber comprendido que, en nuestras nacientes nacionalidades, la tarea fundamental de la democracia era la de emancipar las conciencias, la de abrir caminos a la educación, la de proponer el examen y la discusión de las ideas y de los sistemas dominantes, la de romper los lazos feudales de una cultura elitiaria que ha consolidado a los antiguos grupos de poder, defendido el estatu-quo y sostenido el gobierno de oligarquías que han impedido formas más amplias de compromiso y participación en la organización de la vida nacional. La fundación de la Universidad Libre implicó una verdadera revolución en el orden de la cultura y ello explica, que en su tiempo, los hombres más representativos, los pensadores y polemistas, los intelectuales, en fin, de las corrientes radicales, formaran en los cuadros del profesorado: "libre pensadores" como así mismo se llamaban, como Antonio José Restrepo; científicos que partían de la materia organizada en la concepción del cosmos, como Francisco Arteaga; enemigos de los privilegios de la Iglesia, como Luis F. Rosales y Cesar Julio Rodríguez; defensores de las libertades públicas, como Juan Samper Sordo, Enrique Millán y Pedro Blanco Soto; investigadores de la historia, como Laureano García Ortiz; expositores de las modernas tesis del derecho penal, como Carmelo Arango y maestros de la que entonces era una nueva ciencia, la Antropología, pomo Jorge Bejarano. Fue, pues, la Universidad Libre una empresa emancipadora a la que señaló su fundador, según sus propias palabras, como "un vasto establecimiento docente que no debe ser foco da sectarismo, ni una fuente perturbadora de la conciencia individual".

EL GENERAL HERRERA

EDUARDO SANTOS

Empleando la adjetivación admirable de Ramón Pérez de Ayala, podríamos decir que la vida de Herrera fue una vida "voluminosa". Voluminosa por la trascendencia que tuvo en momentos determinados de la vida nacional, voluminosa porque sus aristas recias, en más de una ocasión fueron índices y guiones para la multitud desorientada.
Todavía se conmueve el país al recordar las actitudes del hombre que logró compactar a su lado un máximo de prosélitos, que encarnó doctrinas severas; que al prestigio inconmovible de una honradez, casi agresiva por lo fuerte, formó núcleos vigorosos, en torno a su nombre; que en los últimos cuarenta años de la historia nacional, intervino siempre de manera patriótica y desinteresada; y que, por último, en torno a su lecho de moribundo, reunió las más opuestas tendencias, las más apartadas ideologías, los sentimientos más contradictorios, en un solo deseo: el de que no se desapareciese tan pronto. La frase clásica tomaba su valor de axioma inapelable en aquel caso: "La muerte de los grandes hombres siempre es prematura".

Si se analiza la virtud máxima de la vida de Herrera, se encuentra una fácil explicación a su prestigio sin precedentes: Herrera fue amado desinteresadamente por el pueblo, porque el pueblo encontraba en él desinterés, porque donde quiera que estaba su nombre o su firma, había una garantía sólida de honorabilidad insospechable, y porque nadie, habría tomado su reputación para empañarla con una calumnia, o para mancharla con alguna sospecha. La honradez, virtud máxima de Herrera, virtud mínima de los ágoras, llevaba al pueblo, honrado y sincero, a dar votos de adhesión y confianza al hombre que no se había manchado ni con la timidez opaca de un pensamiento in-decoroso. La honradez intuitiva de Herrera, que no necesitaba del recurso pobre de la dialéctica para saber por qué caminos le estaba permitido el paso, y por cuáles otros no debía echar un hombre recto.

RECUERDOS PRIMER AÑO DE LABORES

MARCO A. GONZÁLEZ SÁNCHEZ

En ese año, 1923, principia a funcionar la Universidad Libre. Lleva este nombre, porque ella no está sujeta a ningún otro órgano, tiene plena autonomía para actuar y está capacitada para desarrollar sus objetivos científicos. Su razón de ser es el libre pensamiento, lo que le da completa independencia de todo criterio sobrenatural. Como es lógico sus enseñanzas indudablemente se apartan de las que informaron los programas, en ese tiempo, de la Universidad oficial, de lo contrario habría sido inútil la creación de otro claustro. Por esa época la educación que proporcionaba el Estado, era puramente dogmática y confesional. La Libre, fiel a los principios expuestos en la carta trazada por Benjamín Herrera, los aplicó y en consecuencia vino para el país un mejor bienestar intelectual y cultural.

En el primer año en su Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, la acción en materia filosófica fue vital y de reconocida importancia, toda vez que comprendió los cursos de Biología, Psicología, Antropología, Medicina Legal y Psiquiatría. El profesor Francisco Arteaga Hernández, médico eminente dedicado al estudio profundo de la Filosofía, fue autor de dos excelentes obras de interés científico: Biología y Psicología. Como maestro determinista no tuvo par, fue educador de renombre, el aula en que dictaba sus conferencias era concurridísima y a ella acudían estudiantes de otras universidades, lo cual constituía un torneo académico que concluía generalmente con aplausos al profesor determinista. En este terreno de las ciencias filosóficas y naturales también sobresalía como profesor de relieve en los cursos de Antropología, Medicina Legal y Psiquiatría el conocido médico legista Pablo A Llinás, quien fuera autor del texto "Conferencias de Medicina Legal", y catedrático que se destacó como ameno profesor y maestro de gran categoría.

Respecto al Derecho Público, la cátedra de Ciencia Constitucional la regentaba el Presidente del Consejo Directivo de la Universidad el reconocido internacionalista, prestigioso hombre público y famoso parlamentario Antonio José Restrepo, lo cual significaba un verdadero orgullo para la Libre. Fui discípulo del profesor Restrepo y recuerdo que su clase la inició con estas palabras: "Esta cátedra la dedico a la memoria de mi maestro José María Rojas Garrido, el que humilló al cadalso en Colombia".

A fines de 1923, se produce la primera crisis académica en la Universidad. Deja de ser Rector de la Facultad de Derecho el Dr. Enrique Millán y es nombrado para sustituirlo el Doctor Miguel Arteaga Hernández (hermano de Francisco). Fue un acierto el nombramiento del Doctor Arteaga, ya que éste poseía excelentes cualidades para el cargo, pues desempeñaba a toda cabalidad la cátedra de Derecho Romano, era magistrado integérrimo y pulcro profesional. El Doctor Arteaga contribuyó al éxito científico de los estudios y llevó al profesorado a una nueva generación de juristas entre ellos Darío Echandía, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Eduardo Gacharná, José Joaquín Caicedo Castilla y Belisario Gómez B., lo que determinó que nuestra Facultad de Derecho fuese uno de los mejores centros de ciencia Jurídica. Constituye lo anterior, a grandes rasgos, un bosquejo de lo que fue la Universidad en su primer año de labores.

LA UNIVERSIDAD LIBRE Y LA MASONERÍA

Herrera fue un Maestro de la Tolerancia y su ejercicio sin pausa lo convirtió en uno de los grandes de Colombia. Esas sentencias lapidarias suyas en cuanto a la política colombiana, a su proyección exterior, al partido liberal, a la misma Universidad Libre, no son frases pronunciadas por el prurito grandilocuente que azota con frecuencia a nuestro medio, sino, por el contrario, expresiones de un espíritu de selección que reflejan su incesante trajín para asimilar los altos e insustituibles valores de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Ese tríptico formidable que nutre universalmente y desde muy antiguo a la Orden masónica, armada del cual ha participado en todas las gestas que han contribuido al progreso y bienestar de la humanidad.

Es, pues, ese universo mental de Herrera el que le permite concebir en 1922 la fundación de la Universidad Libre, precisamente en el marco de la Convención de su Partido, que en Ibagué quería dejar muy en claro que es con la tolerancia, entendida no como debilidad de carácter sino como verdadera fortaleza del mismo, como se logra construir la convivencia entre los colombianos y su progreso social estable. En ese mismo año se institucionalizó, también con la poderosa influencia de Herrera, la Gran Logia de Colombia con sede en Bogotá, de la cual el General fue desde entonces su Gran Patrono. No es, pues, en lo más mínimo una fortuita coincidencia la sólida fraternidad existente desde esa época entré estas dos instituciones. Los nexos entre la Libre y la Gran Logia de Colombia se han manifestado a través de la colaboración discreta pero efectiva prestada a la Universidad por muchos masones en todas las épocas.

La lista es extensa y la conforman colombianos de las más altas calidades intelectuales y morales. Esos vínculos se preservan también en nuestros días y se fundan en los inalterables principios y valores de la masonería, que son los mismos que también nutrieron al Partido Liberal y a los que esta colectividad ha volteado siempre sus ojos para salvar el contenido social y progresista del Partido cuando quiera que parece desdibujarse en los avalares de nuestro desordenado crecimiento político.

Todos estos rasgos son los que le han permitido a la Universidad Libre ser una institución diferente y, si se quiere, única en el contexto nacional. Es también todo esto lo que ha producido el hecho evidente de que de sus aulas han egresado varias generaciones de colombianos desconservatizadas, en el mejor sentido de la palabra, dueñas de una concepción filosófica y moral muy sólidas, las cuajes han podido ofrecerle a Colombia lo mejor de sí mismas a fin de forjar un país más libre, más progresista, más justo.

Si esta ha sido su misión y su obra en estos setenta y dos años de existencia, tiene ahora la Libre, imbuida como debe de estar del principio de la Tolerancia, el deber de dar una efectiva contribución en el empeño de reconquistar el entendimiento entre los colombianos. Nuevos programas como este de conquistar una paz estable en lo que resta del actual milenio y de trabajar luego para la consolidación de esa paz en las nuevas centurias que ahora se avecinan no solo nos posicionan una vez más ante el país y ante la época, sino que habrán ciertamente de contribuir a perpetuar la unión fecunda y fraternal que en torno a los principios han mantenido durante más de siete décadas la Universidad Libre y la Gran Logia de Colombia, esas dos eximias criaturas salidas en buena hora del genio del gran General.

BENJAMÍN HERRERA EN LA GUERRA Y EN LA PAZ

En el siguiente artículo complementaba el objeto, así: "Artículo cuarto.

El fin que persigue la Compañía es meramente patriótico, y los socios fundadores, inspirados en los más elevados ideales, tienen en mira facilitar la instrucción, adaptar los estudios a las necesidades del país, desarrollar las facultades de trabajo disciplinado y productivo, levantar el nivel moral por el cultivo de los sentimientos elevados que forman el carácter, y hacer hombres tolerantes, respetuosos de las creencias y derechos de los demás, que rindan culto a los deberes e ideales humanos.

Para la administración de la sociedad se dispuso que ella estaría a cargo de un Rector-Gerente, un Consejo Directivo y la Asamblea general de socios.

En un artículo transitorio, el 31, se dispuso lo concerniente a la mencionada cesión, en los siguientes términos:

"La Compañía reconoce al doctor Eugenio J. Gómez como valor de la Universidad Republicana que se traspasa la suma que fijen de común acuerdo el Consejo Directivo con el cedente, doctor Gómez. Presente el doctor Eugenio J. Gómez declaró que cede a la Compañía la propiedad completa de la Universidad Republicana con todos sus útiles, muebles, créditos, derechos y obligaciones; y la Compañía lo subroga en todas las obligaciones contraídas como Rector de la Universidad, sin derecho a nada distinto de lo expresamente estipulado al respecto en esta escritura. Se obliga para con la Compañía a hacerle entrega de todos los haberes y fondos de la Universidad en el curso del presente mes y a cuidarlos como cosa propia mientras hace la entrega".

La nueva compañía no prosperó en la forma pactada, empezando porque el público mismo, especialmente el universitario, desde un comienzo no la denominó con la razón social convenida, sino con otro distinto, el de UNIVERSIDAD LIBRE. Y especialmente porque no hubo acuerdo sobre el valor de la cesión que hacía el doctor Eugenio J. Gómez a la sociedad cesionaria, como se había pactado en el artículo 31, antes transcrito. Entonces, siguiendo el procedimiento señalado en la escritura pública 332, el presidente de la Asamblea General, doctor Diego Mendoza Pérez, obtuvo de esta una reforma estatutaria, la contenida en el Acuerdo NQ 1 de 26 de septiembre de 1913. Este Acuerdo dice en lo pertinente:

"ACUERDO número primero sobre reforma de los Estatutos. — La Asamblea General de Accionistas de la Sociedad anónima denominada Universidad Republicana, en uso de sus facultades y en atención a que es conveniente dar a la sociedad oficialmente el nombre con que el público la designa e introducir otras reformas en los Estatutos y en la escritura social, impuestos por las circunstancias, ACUERDA: REFORMA PRIMERA. — En lo sucesivo la Sociedad anónima de capital limitado constituida por escritura pública No. 332, otorgada ante el Notario Tercero de este Circuito el 22 de abril de 1912, se denominará UNIVERSIDAD UBRE".

Fueron 9 las reformas introducidas. En la segunda se reformó el artículo 3° sobre el objetivo social, en los siguientes términos: "La Compañía tiene por objeto establecer un amplio Instituto Nacional de educación y de instrucción superior y profesional con todos los adelantos modernos y con el concurso del mayor número de personas interesadas en la educación de la juventud. Este Instituto llevará el mismo nombre de la Compañía: «UNIVERSIDAD LIBRE»".

El artículo 10 fue reformado diciendo que:

"Podrá la Compañía aumentar su capital social con cuotas de cualquier cuantía que reciba a título de donación gratuita, censo, fideicomiso, herencia o legado, sin reconocer sobre ella deberes para con los donantes distintos del cumplimiento de las instrucciones y requisitos que sobre la asignación establezcan...".

La administración fue modificada. Con tal objeto se reformaron los artículos 11,12,13 y 14, por el siguiente:

"La Sociedad será administrada en soporte económica por el Consejo Directivo, el Gerente y los demás empleados o entidades que los reglamentos determinen. La dirección de la parte docente estará a cargo del Rector y de la Consiliatura , cuyo número de miembros, designación, atribuciones y manera de funcionar, se determinará en los reglamentos de que trata el artículo quintó".

Desde luego lo relativo a la cesión fue derogado. Así lo dispuso la reforma octava:

"Derógase el artículo 31 (transitorio) de los Estatutos y en su lugar autorizase al Gerente para elevar a escritura pública la resolución del contrato referente al traspaso del plantel denominado «UNIVERSIDAD REPUBLICANA», entendiéndose al efecto con su Rector, señor doctor Eugenio J. Gómez".

Las reformas anotadas fueron elevadas a escritura pública. Aparecen consignadas en la N° 1183 del 30 de octubre de 1913, otorgada ante el Notario Tercero del Circuito de Bogotá, Agustín García, por el doctor JUAN B. QUINTERO, en su calidad de Gerente de la Sociedad Universitaria Republicana, quien acompañó e insertó el Acuerdo NQ 1, reformatorio, y acompañó igualmente las actas respectivas de las sesiones de la Asamblea General de accionistas en las que se discutió la reforma en cuestión. En el acta de la sesión del 22 de septiembre de 1913 aparece que allí estuvieron representados los municipios de Pereira y Girardot, con 40 y 26 acciones, respectivamente. Y que la reforma estatutaria fue estudiada por una comisión integrada por los accionistas Ricardo Hinestrosa Daza, Juan David Herrera y Luis Eduardo Nieto Caballero. En el acta de la sesión del 26 de septiembre de 1913 aparece la constancia de que el primer Gerente de la Compañía fue el doctor CLÍMACO CALDERÓN, cuya muerte allí mismo se lamenta. Igualmente se lamenta la del señor ERNESTO A. GAITÁN, de quien dice la moción aprobada que "tuvo en cuenta en primera línea la educación de la juventud colombiana, destinando una importante suma para la fundación de la Universidad Libre".

Quedó, pues, en esa forma constituida jurídicamente la UNIVERSIDAD LIBRE, aquel 30 de octubre de 1913, como entidad independiente de la Republicana.

Fue después, en 1947, cuando a moción de Jorge Soto del Corral se liquidó aquella sociedad anónima para transformarse en la actual Corporación Universidad Libre, mediante escritura pública N° 181 del 20 de enero de ese año, otorgada en la Notaría Tercera del Circuito de Bogotá. Para hacer esa liquidación se alegó que no se había completado el 50% del capital social.

Las pocas acciones con que contaba en 1913 no hacían posible su inmediato funcionamiento. Ni lo hicieron posible sino hasta diez años después. El tiempo iba pasando sin que la nueva Universidad se convirtiera en una realidad, y hasta algunos de sus accionistas se desanimaron de la labor proselitista que adelantaban. Otros, en cambio, mostraron siempre el más indeclinable entusiasmo. Tal fue el caso del doctor CESAR JULIO RODRÍGUEZ, quien mantuvo siempre viva su fe en el porvenir de la Universidad Libre, desde el cargo de Gerente de la misma, que ocupó durante varios años y a partir de 1915. El estado de esa campaña promocional lo refiere el mismo Rodríguez en declaraciones que hizo para la prensa capitalina en febrero de 1915, a la cual expresó con gran optimismo:

"La lista de accionistas aumenta día a día. Regiones inertes por falta de estímulo empiezan a moverse. El hecho de que los accionistas pertenezcan a las distintas clases sociales me evidencia que la Universidad Libre obedece a una necesidad. Se han designado Agentes en algunos centros. Pero lo que ha producido un resultado feliz han sido los Agentes viajeros. No puedo, no debo dejar de mencionar, como reconocimiento a la labor que ha realizado, en Santander principalmente, el señor Enrique Londoño. Ha tomado el asunto con empeño tan cariñoso, que ha logrado ganarse para la Universidad Libre el entusiasmo que merece...".

".¿Qué misión atribuye a la Universidad Libre?", le preguntó el periodista, y contestó el gerente Rodríguez: "Le atribuyo una misión capital, como relacionada con la educación nacional, tomando la palabra en el sentido integral. Es el problema, nuestro problema, el centro de los demás. Ya se trate de iniciativa pública o privada, en este sentido todas convergen en el mismo punto: plantear la educación como problema nacional social, no político. Los esfuerzos de la Universidad Libre se dirigen a interesar al país en esa orientación. En el Manifiesto número 2 del Boletín de la Universidad Libre se expusieron en pocas líneas los fines de ella, que son sencillamente, la adaptación de la educación a las necesidades de la vida, mejorándola y ennobleciéndola"377.

377 "El Diario Nacional", octubre 5 de 1915, pág. I».

De esa promoción publicitaria que se hacía sin recursos y con fines orientados hacia la adquisición de acciones por el público colombiano se encargaba principalmente el Consejo Directivo de la Universidad, que por aquel tiempo estaba integrado por Fidel Cano, Juan David Herrera, Alejo Morales y Ricardo Hinestrosa Daza, entidad de la cual era Secretario Víctor Manuel Lozano. Editaban periódicamente el Boletín, en el cual daban cuenta de las actividades de dicho Consejo. A pesar de todos estos esfuerzos el patrimonio social no prosperaba sino en mínima cuantía. Las empresas culturales no han constituido tradicional y precisamente una afanosa actividad entre los colombianos. El liberalismo era un partido vencido, desorganizado, recientemente egresado de una cruenta guerra civil, y las gentes no suelen entusiasmarse con las personas o las agrupaciones colocadas en desventaja social o política o disciplinaria. Todas éstas eran causas que impedían la adhesión económica _ ya que la intelectual era abundante— a la empresa cultural naciente. Era el pueblo, sin recursos, el que daba sus bajísimas cuotas y ellas no eran bastante recaudo para iniciar la gestión. Tácitamente se trataba de una empresa de partido pero no realizada para el partido exclusivamente, sino en bien de la comunidad en general, y esa circunstancia le quitaba la beligerancia que solía y aún suele entusiasmar a las gentes.

Fue necesario que un hombre con alma férrea, don de mando e imperio irresistible, como Benjamín Herrera, se colocara a la cabeza del proyecto de Universidad para hacerla realidad, y que previamente organizara al partido liberal. En 1921 Herrera era el mayor prestigio liberal colombiano y uno de los grandes prestigios políticos nacionales. Era el héroe de Palomero y Perlados, de Gramalote, Cartagena y Aguadulce. Era el último caudillo de una época que se esfumaba ante los aires renovados del nuevo siglo. Su imagen ante el país era la del patriota sin mácula. El hombre honesto y pulquérrimo, por excelencia. Era el campeón de la paz. Wisconsin lo atestiguaba. Por aclamación, la Convención del 21 de octubre lo señaló como el jefe del partido liberal. El 17 de diciembre de aquel año se proclamó su candidatura presidencial para el período 22-26.

Los universitarios — personal docente y discente — empezaron a rodear a Herrera, a plantearle sus problemas, a convertirlo en su vocero, desde finales de aquel año. Para el 24 de diciembre le organizaron ellos una gran manifestación popular, que llegó hasta las puertas del "Hotel Frankiin", la residencia habitual del caudillo. Antes, el 21 de noviembre, habían logrado que la Convención Liberal reunida desde el 21 de octubre en el Teatro Bogotá aprobara el Acuerdo N° 1, en el cual se señalaba la manera —y el deber — como el partido debía auxiliar la fundación de la Universidad Libre. Era ésta la primera manifestación oficial y pública del partido sobre aquel centro universitario, con notoria anterioridad a la que hizo el año siguiente la Convención de Ibagué.

En aquella manifestación de Nochebuena hablaron desde los balcones del "Hotel Frankiin" Eduardo Esguerra Serrano, Clemente Manuel Zabala y Alfredo Navia, para exponerle los problemas universitarios. Herrera contestó, con su acostumbrada precisión en los términos, seguridad y laconismo suficiente.

Aprovechó la ocasión para exponer su programa presidencial: mejoramiento de las clases populares, manejo escrupuloso de los caudales públicos, mayor eficiencia y extensión de la instrucción primaria, mejor preparación técnica universitaria, desarrollo de las vías de comunicación, respeto a las creencias católicas del pueblo colombiano. Tenía que borrar de la mente de los electores el equivocado prejuicio religioso que podía darle su condición de masón grado 33.

El 12 de febrero de 1922 tuvieron lugar las elecciones presidenciales. Fraude. Coacción. Maniobras. Parcialidad oficial. Intervención partidista del clero. Ejército deliberante. Fue elegido presidente Pedro Nel Ospina. A su turno, Herrera convocó al liberalismo para que se reuniera en Convención en marzo siguiente en Ibagué.

El 29 de marzo de 1922 se reunió en Ibagué la histórica Convención Liberal. Fue entonces, el 30 de marzo, cuando el doctor CESAR JULIO RODRÍGUEZ, Gerente de la Universidad Libre, dirigió un conocido mensaje al General Benjamín Herrera y a la Convención, exhortándolos una vez más a que tomaran decisiones eficaces que lograran el efectivo funcionamiento de la Universidad Libre. Decía así la comunicación:

Señor General don Benjamín Herrera, Jefe del Partido Liberal. Ibagué.

"En el mensaje patriótico, sobrio y preciso lanzado y leído por usted con ocasión de la instalación de la Convención Nacional del Partido Liberal, en que se tratan todos los problemas y actitudes del Partido, destaco, por considerarlo la noción central de la tarea renovadora del liberalismo, el renglón relativo a la labor instruccionista. En ese renglón están englobados los puntos que exige la misión docente del Partido, y por lo mismo figura con simplicidad manifiesta el de la Universidad Libre, en que tanto empeño se ha puesto, pero que, causas de todos conocidas, y entre ellas la falta de cohesión del partido, han hecho de muy difícil realización".

"Hoy, compacto, solidarizado como está el partido y en capacidad, por lo mismo, de desarrollar de manera interna su programa, me atrevo a insinuar al muy digno Jefe, de la manera más sentida, que la acción del Partido empiece a hacerse notar de manera eficaz sobre el fomento de la Universidad Libre. Este hermoso ideal será obra del Partido Liberal o no será".

"Y si me atrevo a llamar la atención del Jefe y por su conducto a la Convención Nacional del Partido hacia el fomento de la Universidad Libre especialmente, sin hacer mención de otras instituciones, es porque estimo que el desarrollo de la Universidad — para que merezca este nombre — exige que esté contenido en sus programas todo el problema educacionista de la Nación y porque, aun cuando la Universidad Libre debiera ser estímulo infalible para toda persona avanzada, no lo ha sido desgraciadamente, pero cuenta, sin embargo, con un lote de terreno de 17 y media fanegadas dentro del perímetro de la ciudad de Bogotá, de valor de $ 30.000, según peritos, y con sumas como la del sobrante de la estatua de nuestro eminente hombre Murillo Toro; la de los legados de los connotados liberales señores Dunas Morales y Carlos Zamora, y la suma recolectada últimamente en el Departamento del Cauca. Juzgo que estas sumas darán un producto de $ 10.000.

"Como no es mi propósito presentar una memoria sobre la Universidad Libre como he tenido el honor de hacerlo en muchas veces a la Asamblea General de Accionistas, sino presentar un punto de partida para fijar la atención de la altísima Convención del Partido por la eficaz mediación de su Jefe, me limito simplemente a lo anotado para manifestar que la Universidad Libre merece toda la atención del Partido y por lo mismo reclama que se le dedique todo su dinamismo, y más en estos momentos, cuando tiene por Jefe a quien se preocupó tan simpáticamente por la Fundación del Externado de Derecho, Ciencias Sociales y Políticas".

"Del señor General, con la más alta consideración, soy muy atento servidor, CESAR JULIO RODRÍGUEZ."

"Bogotá, 30 de marzo de 1922" m.

Herrera — quien había hecho del problema educativo punto central de su programa presidencial — acogió de inmediato aquella solicitud y la puso en marcha recomendándola ante la Convención. Fue así como dirigió la siguiente comunicación a dicha Asamblea:

"Ibagué, 2 de abril de 1922.

"Señor Presidente de la Convención del Partido Liberal. Ciudad.

"Me es placentero enviar a usted el importante oficio que con fecha 30 del pasado marzo me dirigió de Bogotá el doctor Cesar Julio Rodríguez, en solicitud de apoyo y aliento para la pronta realización del proyecto de fundación de la Universidad Libre.

"De manera encarecida ruego a usted se sirva usar de su merecida influencia ante la respetable corporación que dignamente preside, a fin de que se le preste la mayor atención al inaplazable problema de establecer un centro de educación acorde con las necesidades presentes del liberalismo.

"De gran eficacia para la realización de tan importante proyecto será cuanto haga la Convención de Ibagué, cuya voz autorizada acatarán gustosos los liberales de todo el país.

"De usted muy atento amigo y S.S., B. HERRERA" 379.

GESTORES DE LA UNIVERSIDAD LIBRE

En 1912, un grupo de distinguidos intelectuales liberales y miembros de la masonería constituyeron una sociedad jurídica con el fin de crear un amplio Instituto Nacional de Educación y de Instrucción Superior y Profesional, para enseñar libremente todas las tendencias filosóficas. Por razones económicas y políticas era muy difícil su funcionamiento y solo tuvo posibilidades de vida cuando el general Benjamín Herrera obtuvo que la Convención Liberal reunida en Bogotá, el 21 de octubre de 1921, dispusiera que el partido auxiliara a la fundación de la Universidad Libre. La Convención reunida en el año siguiente en Ibagué, bajo la presidencia del doctor Simón Bossa y por el Acuerdo No. 6 de abril 3 de 1922. dispuso:

Recomendar a los liberales que en la medida de sus recursos presente decidido apoyo a la obra de la fundación de la universidad Libre.

El general Herrera derrotado como candidato presidencial. con especial entusiasmo se puso al frente de la nueva misión. Recibió colaboración económica de sus colegas parlamentarios, donaciones de liberales de diferentes partes del país, información de la prensa, cartas, boletines, mensajes, visitas, etc. El país todo se enteró de esta campaña docente.

La juventud y los universitarios liberales, en reconocimiento a la importancia nacional y política del general Herrera y. en especial, a su dedicación por el futuro académico de las nuevas generaciones, le tributaron una manifestación multitudinaria el 20 de mayo de 1922 que partió de la plaza de Bolívar hasta su residencia en el Hotel Franklin, ubicado en la carrera 7a. con calle 13, de Bogotá, Allí el general Benjamín Herrera recibió a la juventud y en discurso de respuesta manifestó lo siguiente, que ha sido guía ideológica y filosófica de la Institución:

Quiero llamar la atención a la característica que debe singularizar este vasto establecimiento docente con que el liberalismo colombiano quiere dotar al país: la universidad Libre no debe ser un foco de sectarismo ni una fuente perturbadora de la conciencia individual; ese moderno establecimiento debe ser una escuela universal, sin restricciones ni imposiciones; este hogar espiritual debe ser amplísimo templo abierto a todas las orientaciones del magisterio civilizador y a todas las sanas ideas en materia de educación; nada que ate la inteligencia ante los prejuicios y las preocupaciones, pero nada tampoco que atente contra la libertad ni la conciencia del individuo. No vamos a fundar una cátedra liberal, sino una amplísima aula en que se agiten y se muevan con noble libertad, los temas científicos y los principios filosóficos aceptados por la moderna civilización. Otra cosa estaría en pugna con la ideología del partido que se propone dotar a la Nación de algo que ella con urgencia necesita.

La Universidad Libre inició labores el día 13 de febrero de 1923 con las facultades de Derecho y Ciencias Políticas, Literatura y Filosofía. Ingeniería y las Escuelas de Comercio, Artes y Oficios y la Preparatoria (Bachillerato).

Desde esa fecha la Universidad ha tratado de interpretar fielmente los principios filosóficos del liberalismo y aplicar las enseñanzas de la masonería que en resumen son libertad, igualdad y fraternidad para tener la verdadera democracia.

La Institución espera y confía que sus egresados, profesores y alumnos sean el instrumento humano permanente para obtener ese anhelo.



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