El compromiso de la Universidad Libre con el Posconflicto

(Entrevista al Vicepresidente Nacional de la Universidad Libre, doctor Jorge Gaviria Liévano, en la Nocturna de RCN – jueves 23 de junio 2016)
1. En su calidad de directivo y académico, ¿cuál considera que deber ser el papel de las universidades en el proceso de reconciliación y construcción de la paz en Colombia?

Tanto se ha avanzado en las negociaciones de paz que se adelantan en La Habana que ya se llega hoy al acuerdo del fin del conflicto armado y se convienen allí los procedimientos para verificar un cese bilateral del fuego, las zonas de concentración guerrillera, la dejación de las armas y las garantías para la seguridad de quienes las dejan, entre otros importantes temas. Se posibilitará así establecer el cronograma que lleve a la firma de los acuerdos definitivos de paz en un lapso muy breve, quizás para el 20 de julio, tal como lo ha visualizado hasta ahora el gobierno.

 

Frente a esa eventualidad, podríamos decir que ese instante fijaría para el país la fecha y hora de comienzo de lo que algunos denominan el posconflicto y otros quizás más cautos llaman el posacuerdo. Pero en todo caso será el momento a partir del cual no solo el gobierno y el grupo guerrillero en este proceso corran con la responsabilidad casi exclusiva de la paz; sino que, con el acompañamiento internacional, sea fundamentalmente toda la nación colombiana la que empiece la formidable tarea de construcción práctica, real de la paz.

 

Y es entonces cuando la academia, la universidad colombiana en su conjunto comenzará a hacer el aporte al que está obligada en variados campos. Hasta ahora la universidad colombiana en general no ha sido en forma alguna indiferente, ha estado expectante, pronta a colaborar de manera significativa. Y con certeza, y a partir del momento en que tenga pleno conocimiento sobre el detalle de lo acordado, podrá entrar en el camino de una colaboración ordenada y efectiva que trascienda el marco académico teórico y aterrice sus buenos propósitos en el terreno de la edificación concreta de la paz. Y cuando digo colaboración ordenada pienso en una cooperación que tendrá que ser coordinada de alguna manera para que los aportes de las diferentes universidades del país no se desperdicien en repetición de esfuerzos, en necias competencias o en celos institucionales que pueden llegar incluso a debilitar el aporte académico que debe ser fuerte, decisivo y carente de prevenciones estériles. Esa coordinación habrá de darse al más alto nivel posible para garantizar la continuidad y contundencia de ese aporte. Ya existe sin embargo una red de importantes universidades que se han coordinado en ese gran propósito.

 

Y la contribución desde la academia deberá darse en los múltiples aspectos que se derivan de lo que con algún grado de amplitud sabemos que se acordó en La Habana: transformación del campo, condiciones para erradicar la pobreza extrema, disminución de la pobreza rural en 10 años, desarrollo de la agricultura campesina, familiar y comunitaria para disminuir la brecha entre ciudades y campos; fortalecimiento de los mecanismos para que todos los colombianos participen en la democracia, en los asuntos públicos, en la solución pacífica de los conflictos sociales, en la ruptura definitiva del perverso vínculo entre armas y política y la transformación de nuestra letal cultura de la guerra en una de convivencia, reconciliación y tolerancia; la búsqueda de un camino para la solución al problema de las drogas con estímulo a la sustitución voluntaria de los cultivos ilícitos, su enfoque como problema de salud pública y los aspectos internacionales que necesariamente implica este magno problema; los muchos puntos de acción que se derivan del llamado sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición.

 

Son evidentes los muchos retos que existen para la academia en su conjunto del desglose de lo acordado en la mesa de negociaciones.

2. ¿Cuál ha sido el papel que ha tenido la Universidad Libre en el proceso de reconciliación de Colombia?

Pues frente a esta inquietud debo decir que la Universidad Libre es una universidad que por su mismo origen, por su importante historia institucional, por sus ejecutorias a través de casi 100 años de existencia, es una universidad con vocación indeleble e irrevocable de paz. La Universidad Libre, como se sabe, surge como una respuesta al asfixiante confesionalismo de la educación de la época, probablemente responsable en buena medida, por el dogmatismo que engendra, del sectarismo exacerbado, del fanatismo, de la intolerancia en todos los órdenes y a la postre de la brutal manera de resolver mediante la confrontación bélica nuestras diferencias. Esa es justamente la cultura que aún no se ha superado y sustituirla por otra es el principal reto que plantea el posconflicto al país y en particular a la academia.

 

La Universidad Libre tal como la concibió su fundador, el General Benjamín Herrera, no sería un foco de sectarismo ni fuente perturbadora de la conciencia individual. Fue Herrera quien en gesto de memorable tolerancia había firmado unos 20 años antes de fundar la Libre, al concluir la Guerra de los Mil Días, la paz con el contendor que derrotó sus propias fuerzas, en la convicción de que la patria está por encima de los partidos, lapidaria frase que entraña toda una filosofía. Herrera entendía y practicaba el alto valor de la tolerancia como una fortaleza del carácter y no como una debilidad del mismo; como la posibilidad de respetar al otro, de querer al otro, de saber que al otro le asisten también derechos y que estos no solo me corresponden siempre a mí; de respetar sus opiniones, así sean diferentes a las mías, y las respeto justamente en la medida en que ellas difieren de las mías. Esa tolerancia me permitirá creer y saber que mis ideas son fuertes y claras pero que no se las tengo que imponer por la fuerza al otro; que si quiero que el otro las comparta debo persuadirlo por la razón y no intimidarlo por la amenaza o la fuerza. La tolerancia en que creyó Herrera y con la cual fundó la Libre no es, pues, debilidad ni complicidad frente a lo incorrecto, lo ilícito, lo corrupto, sino todo lo contrario. Esas fueron las bases en que edificó esta Universidad, cumpliendo el mandato de la Gran Convención Liberal reunida en Ibagué en 1922.

 

La Universidad nació y creció con el aporte de muchos ilustres colombianos que, al igual que Herrera, creyeron en esta forma de tolerancia como fortaleza y como ingrediente fundamental de la educación para el progreso popular y la armónica convivencia entre los colombianos. Entre sus ilustres directivos, y solo para citar algunos pocos, se cuentan hombres de diversas tendencias ideológicas pero con una misma filosofía liberal de tolerancia profunda, Jorge Eliécer Gaitán, Miguel López Pumarejo, Darío Echandía, Gerardo Molina. La lista es desde luego mucho más extensa. Todos ellos contribuyeron a hacer de la Libre el aula por antonomasia de la libertad, el aula de la tolerancia, en una palabra, el aula de la paz.

 

Podemos pensar también que los espíritus de selección que fundaron e hicieron posible el crecimiento de la Universidad Libre tuvieron siempre presente la idea de la paz que, a mi ver, lo resume todo, esa idea tolerante y fecunda salida de la mente brillante y del generoso corazón de ese gran americano, conductor eximio de los destinos mexicanos en el siglo XIX, Don Benito Juárez, cuando concluyentemente señalaba que “el respeto por el derecho ajeno es la paz”. Es en ese pensamiento breve pero inmensamente abarcante en el que el posconflicto debe nutrirse para construir en Colombia la paz estable y perdurable que andamos afanosamente buscando. Y a la Universidad Libre se le habrá de facilitar mayormente porque sus principios fundacionales están indudablemente penetrados también por la fuerza inmensa de esa sentencia del Benemérito de las Américas, el señor Juárez, que no es apenas una frase grandilocuente sino un imperativo de la acción concreta hacia la edificación palpable de una paz perdurable.


3. ¿Cuál es el compromiso de la Universidad Libre con el actual proceso de paz y su proceso de posconflicto?

 

Como bien se comprenderá, en virtud de los altos valores tutelares que la informan desde su creación, la Universidad Libre ha trabajado siempre con ahínco, con constancia, por conseguir que se arraigue progresivamente una cultura de tolerancia y de paz no solo a su interior, en la propia comunidad de estudiantes, de profesores, de funcionarios administrativos, de egresados, sino hacia el exterior de ella. Comencemos por precisar que la Universidad Libre es, en términos de Colombia, una Universidad inmensa. Cuenta hoy con cerca de 35.000 estudiantes de pregrado y de posgrado en muy variados programas académicos y que está presente no solo en la capital de la República sino en otras varias ciudades, como son Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Cali, Pereira y el Socorro, histórica población en el Departamento de Santander. Ha educado a centenares de miles de jóvenes en las más diversas regiones del país. Es, pues, una Universidad de muy amplio espectro y los profesionales en ella formados han ejercido y ejercen significativa influencia en el país, en los más variados campos.

 

Por todo lo anteriormente señalado, la Universidad en su conjunto y en la mente y voluntad de sus egresados, es una universidad con clara predisposición hacia la construcción de la concordia entre los colombianos. Por ello, de tiempo atrás la Universidad Libre ha adelantado proyectos de investigación en temas relacionados con el conflicto armado y su solución en la etapa del posacuerdo como son, por ejemplo, la justicia transicional, los temas conflictivos de la tierra en Colombia, los del territorio y su relación con la paz, los relativos a la Constitución y la paz, la educación y la paz, la salud y la paz, los esfuerzos para identificar un modelo de desarrollo para el posacuerdo y muchos otros. Y eso lo ha venido haciendo con la participación y el esfuerzo no solo de la Seccional de Bogotá sino de sus varias seccionales fuera de la capital. Hace muy poco la Seccional de Pereira, por ejemplo, hoy presidida por el destacado dirigente de esta Universidad, el doctor Miguel González, organizó un importante evento con participación de la comunidad Unilibrista en esa región y personalidades en los diversos campos del pensamiento; en la seccional de Cali se han organizado también desde hace cerca de 20 años unas interesantes Cumbres de Paz, que van en la quinta, y que han servido de foro para reflexionar sobre los más variados tópicos de nuestro gran conflicto nacional; la Cátedra Gerardo Molina que viene realizándose con éxito desde hace más varios años en Bogotá ha sido ámbito adecuado para el libre examen por expositores nacionales y extranjeros, de los múltiples aspectos históricos, jurídicos, sociológicos de nuestra realidad y su comparación con significativas experiencias y realidades foráneas. El año 2014, por ejemplo, lo dedicó al tema Dinámicas de posconflicto, supuestos para la paz. Cartagena, Barranquilla y Cúcuta han impulsado foros académicos sobre justicia transicional, territorio y posconflicto. En el marco de la semana Jorge Eliécer Gaitán, la Seccional del Socorro organizó un evento académico sobre derecho de las víctimas y restitución de tierras. En los distintos rincones de la Universidad Libre pudo participarse en los debates sobre tribunales internacionales y procesos de paz y reconciliación, exitosos en otros países, que adelantaron distinguidos expertos y académicos invitados por la propia Universidad.

 

Esto y más ha realizado la Universidad Libre y es también mucho lo que aún está resuelta y en posibilidad de aportar a esta gran causa de la paz con la celebración de nuevos eventos académicos, la publicación de libros, de capítulos, de memorias, etc y, sobre todo, con la resuelta voluntad de trasladar al terreno de lo práctico su gran acopio de conocimiento y su larga experiencia en varias de las facetas que tocan con la edificación pronta de esta nueva Colombia en armonía.

 

4. Tuvimos conocimiento de su representación en el Foro titulado “Postconflicto: Una oportunidad para el desarrollo”, llevado a cabo en la ciudad de Florencia (Caquetá), ¿nos podría hablar del objetivo de este certamen y el papel de la Universidad Libre en el mismo?

Si, efectivamente, estuve en Florencia representando a la Universidad, a su Presidente, el doctor Jorge Orlando Alarcón Niño, al finalizar la semana anterior. Y fui acompañado por un importante grupo de profesoras y profesores e investigadores de la Seccional de Bogotá, encabezado por la ilustre doctora Liliana Estupiñán, y compuesto además por los doctores Daniel Libreros, Oscar Andrés López, Guillermo Carrilllo y Gustavo Rojas, y también de la Seccional de Cali por los profesores Libardo Orejuela y Orfa Margarita Giraldo.

 

 

A este respecto, quiero en primer término destacar que este importantísimo y muy nutrido foro en el Caquetá tuvo lugar gracias a la amable hospitalidad de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega del Ejército Nacional, con participación de altos oficiales del Ejército colombiano y de las otras fuerzas militares. En esa Fuerza de Tarea Conjunta Omega quiero relievar especialmente el liderazgo y la participación del Mayor General Nicasio Martínez, del Coronel Orlando Mejía y del Mayor Juan Camilo Mazo. Las publicaciones que en torno al tema ya ha realizado: “Las Farc: de la Guerra de Movimientos a su punto de inflexión” hace un par de meses y también en el marco de la última Feria del Libro en Bogotá, así como también el denominado “Posconflicto, una oportunidad para el Desarrollo”, lanzado al finalizar el Foro de Florencia y que recoge la producción intelectual de los investigadores de las diferentes universidades involucradas, entre ellas desde luego la Universidad Libre.

 

Algo que llama poderosa y muy positivamente la atención es que ese destacado grupo del Ejército fue el que tomó la iniciativa para contactar a la academia a través de nuestro Presidente, el doctor Jorge Alarcón. Las universidades que estuvimos representadas allí, la Javeriana, la Militar, la Pontificia Bolivariana de Medellín, la de Medellín, la de la Amazonía, y otras, todas con el inmenso deseo de colaborar y de dar su aporte a ese propósito, acudimos gracias a la iniciativa que partió de nuestras fuerzas militares. Habría podido ser al contrario: que la academia tocara a la puerta de nuestro ejército. Y eso es en mi opinión muy significativo. No solo indica un positivo respaldo al proceso de paz que se viene adelantando en el país sino que pone en evidencia la firme voluntad de construir una memoria histórica fiel del conflicto armado más reciente de Colombia y una disposición a colaborar en la construcción del complejo tejido hacia una paz estable, en compañía de la academia y de muchos otros sectores del país, de estirpe campesina y popular, que tuvieron su asiento y activa participación en el Foro de Florencia que yo, sin temor a caer en la exageración, calificaría de histórico y trascendente por su origen, por sus propósitos honestos y por su voluntad resuelta de seguirle dando a las fuerzas militares de Colombia y a la Policía Nacional el importante rol que le cabe constitucionalmente en defensa de la seguridad ciudadana y de la soberanía pero sobre todo en el recorrido que juntos, con la academia, debemos hacer hacia la construcción de la paz que se avecina.

 

Este fue un foro de libres opiniones y de aportes desprevenidos y resueltos, no solo de parte de la academia y de los militares participantes sino sobre todo de los diferentes sectores de la comunidad colombiana en esas regiones azotadas duramente por la violencia, de las víctimas del conflicto en Caquetá, Meta, Guainía que abarca más de 108 mil kms cuadrados. Se examinaron los más variados problemas que inciden en nuestro conflicto armado y en nuestro proceso de paz. Sin sesgos, con transparencia, respeto, libertad. Si ese edificante diálogo puede continuar en el desarrollo de la promisoria etapa que ahora se abre en el país, es muy probable que el posconflicto conduzca efectivamente a la consolidación de la paz.

 

Igualmente, desde luego, pudimos tener allí la oportunidad de escuchar los puntos de vista de las más altas autoridades del Departamento del Caquetá, como el ilustre señor Gobernador doctor Álvaro Pacheco Álvarez, egresado por cierto de la Universidad Libre, y de algunos de los alcaldes de sus más golpeados municipios. De identificar sus necesidades como aportes que habremos de dar desde la academia al proceso de construcción de la paz en esas importantes regiones. Habrá oportunidad, pues, de concretar y de instrumentalizar prontamente nuestra respuesta académica a esas importantes inquietudes.

 

El Foro celebrado en Florencia fue sin duda ni reserva posible uno de los más importantes y participativos eventos realizados recientemente en el país. Y bien valdría la pena que se repita allí en el futuro y que se replique en otras secciones de Colombia.

 

Fue para mí muy honroso acudir allí en representación de nuestras directivas nacionales, encabezadas por su Presidente, el doctor Jorge Alarcón, y sentir que la Universidad Libre responderá adecuadamente a este importante reto, también por supuesto desde la academia que preside hoy a nivel nacional el doctor Fernando Dejanón Rodríguez.

 

Muchas gracias al amable y agudo entrevistador de esta noche, el profesor Cañón, en el espacio que en Nocturna RCN tiene la Universidad Libre.

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