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Universidad Libre conmemora los 100 años del fallecimiento de Benjamín Herrera

Con un acto solemne realizado en el panteón del general Benjamín Herrera en el Cementerio Central de Bogotá, la Universidad Libre conmemoró el centenario de la muerte de este ilustre militar y político liberal colombiano, fundador de nuestra casa de estudios.

El acto estuvo encabezado por las directivas de la Universidad presentes: Dr. Jorge Alarcón Niño, presidente Nacional; Dr. Jorge Gaviria Liévano, vicepresidente; Dr. Édgar Ernesto Sandoval, rector Nacional, Dr. Ricardo Zopó, Censor Nacional, y miembros de la Sala General. 

También se contó con la asistencia de estudiantes, miembros de semilleros de investigación, egresados y funcionarios administrativos.

El momento más importante del encuentro fue el emotivo discurso del Dr. Gaviria, quien con grandilocuentes palabras hizo un repaso por la vida y obra del general Herrera, al tiempo que resaltó el legado que el célebre político dejó en nuestra Universidad Libre.

La jornada también incluyó una ofrenda floral compartida por los directivos de la Universidad para decorar y embellecer el mausoleo de nuestro fundador. Así mismo, la corte marcial y banda musical de la Policía Militar brindó un acompañamiento al acto interpretando el Himno Nacional y el minuto de silencio.

Honras a nuestro célebre general Benjamín Herrera. 

A continuación, conozca las fotos del evento y el discurso del Dr. Gaviria en su totalidad.


Señor General Benjamín Herrera Cortés:

Os saludamos fraternal y respetuosamente al cumplirse hoy 29 de febrero cien años de vuestro inevitable viaje al Oriente Eterno. Nos hemos dado cita con honda emoción en el espléndido monumento que alberga vuestros despojos mortales, para expresaros una vez más gratitud por vuestra vida y obra y significaros el respeto inmenso que nos inspira vuestra memoria, que es la de uno de los más ilustres colombianos de todas las épocas.  

Lo hacemos en simbólica representación de miles de hermanos que os profesan también hoy fraternal amor, tal como lo hicieron en el aciago día en que os acompañaron ataviados públicamente con sus arreos masónicos en momentos de honda pesadumbre ante vuestro sepelio en este sagrado lugar. 

Queremos también evocar a los varios predecesores de la obra educativa que vos acometisteis luego solidariamente, y a los generosos masones que trabajaron por alcanzar su estabilidad y progreso, tanto en vuestros días como durante muchos años posteriores a la fecha de vuestra partida.   

A esta cita conmemorativa se han querido sumar algunos docentes, egresados, estudiantes y trabajadores de la Universidad para hacer presencia aquí en representación de los miles de personas que componen hoy esos estamentos en varios rincones de Colombia. Este homenaje os lo rendimos con inmenso entusiasmo tanto los masones, como los que no lo son y está presidido con idéntico fervor por las altas directivas de la Universidad. Conformamos toda la cohesionada familia Unilibrista, a la cabeza de la cual estaréis siempre y por derecho propio vos, señor General.  

Nos complace sobremanera que nos acompañen muy destacados integrantes de nuestras fuerzas armadas, junto con los músicos de la banda militar que interpreta los toques de rigor. Como es bien sabido por nosotros, en las filas de nuestro ejército militó vuestro padre y a ellas consagrasteis vos muchos años, como militar de carrera, para que vuestras brillantes ejecutorias os hicieran digno de perpetuo reconocimiento e imitación en esa dignísima institución de la República.

Vuestra victoriosa espada, tan contundente en las justas que valerosamente librasteis en los campos de batalla en defensa de la libertad amenazada o mancillada, pero siempre en la afanosa búsqueda final de la concordia estable entre los hijos de una misma patria, en buena hora trasmutó su acerado filo en fina pluma que en episodios memorables permitió con rasgos firmes sellar documentalmente la paz. De las más profundas moradas de vuestro espíritu sereno y de vuestros labios providentes salió un día la fraternal admonición que nos advertía desde entonces que La Patria está por encima de los partidos.  Esa exhortación perdurará por siempre en los colombianos de buena voluntad y nos conmina a la observancia de una ética, la vuestra, presidida por el patriotismo y por el respeto mutuo entre los seres humanos y que nos invita a abominar de la destructiva intransigencia.

Vuestras bien conocidas palabras, pronunciadas ante una numerosa manifestación de jóvenes estudiantes en los días cercanos a la apertura de las aulas de la Universidad Libre   en 1923, interiorizadas por cuantos hemos transitado por la Universidad a cualquier título, grabadas desde entonces en muros, publicaciones  y documentos y sobre todo en nuestros corazones, seguirán por siempre en vigor , a manera de  pétreas e  insustituibles tablas de la ley, toda vez que en ellas se exalta el valor  imponderable de la tolerancia genuina y la invitación fundamental  a los estudiantes de la nueva universidad, siempre renovada, a  pensar por sí mismos, con lo cual se asegura la libertad de cátedra y de investigación científica y la búsqueda de la verdad sin dogmas ni imposiciones, sin nada que perturbe la conciencia individual, como bien lo expresasteis en esa hora.

Se abrió la entrada al espíritu laico, en el fecundo sentido de neutralidad, que presidiría una educación desprejuiciada, para compatriotas de toda condición, a fin de ofrecer al mayor número posible de jóvenes, entre ellos desde luego los de menores recursos económicos, las mejores oportunidades   posibles en la vida. Esa labor meritoria exige de nosotros el esfuerzo al que debemos abocarnos cada día para mantenerla vigente y es el más apasionante desafío que quizás le da el verdadero sentido a nuestras vidas y a la afortunada vinculación que nos une a la Universidad Libre.

Meditemos en el hondo alcance de la precisa instrucción que dejasteis plasmada en el testamento dictado a vuestro cercano amigo dos días antes de vuestro deceso: “Apoyar decididamente hasta asegurar su definitivo y regular funcionamiento, la Universidad Libre que yo estimo como la obra más trascendental del liberalismo en los últimos tiempos”.

Recordareis, respetado General, que adoptamos para celebrar nuestra efeméride el lema de Universidad Libre 100 Años Educando en libertad para la justicia y la paz, y a ello os referisteis en el acto celebrado el 24 de junio último, fecha de vuestro nacimiento, en la que se lanzó el libro conmemorativo con ese mismo título, y que lleva vuestra noble efigie en la carátula. El lema ciertamente sintetiza el pasado de nuestra Universidad, confirma su presente y asegura su promisorio porvenir, a condición de que en ese derrotero nos conduzcan siempre el apego a la filosofía y a sus inalterables principios fundacionales.
 
Ilustrísimo General: En unos instantes, las manos autorizadas de los más altos estamentos de la Universidad depositarán en esta vuestra morada terrestre una corona de hojas de laurel. Desde tiempos inmemoriales el laurel se colocaba en las sienes de los héroes a quienes se buscaba reconocer su valor e imperecederos aportes a su tiempo y a la posteridad. Por eso con ella homenajeamos hoy aquí al patriota, al soldado, al apóstol de la libertad y de la paz, al educador y al consecuente hermano de todas las horas. Vuestras orientaciones e instrucciones constituyen mensaje claro, firme, oportuno y plenamente vigente.

En la organización institucional de la Gran Logia de Colombia que vos acometisteis, la Logia Estrella del Tequendama fue una de las fundadoras. En ella recibisteis la luz iniciática y con la cercanía de vuestros hermanos hicisteis el tránsito final hacia vuestra gloria.

Permitidme concluir con las siguientes palabras que os dedico respetuosamente:  

Venerable Maestro, ¡cumplidas serán siempre vuestras órdenes!

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